Ficha Técnica:
Título: Un antropólogo en Marte.
Autor: Oliver Sacks.
Año: 2011.
Género: No ficción.
Cantidad de páginas: 408.
Editorial: Anagrama.
Sinopsis:
Considerado uno de los grandes escritores clínicos del siglo, Oliver Sacks nos presenta en este libro siete casos neurológicos que constituyen una profunda reflexión sobre la esencia de la identidad y los mecanismos del conocimiento. Un pintor que tras un accidente de coche deja de ver el color; un cirujano cuyos continuos tics y convulsiones sólo remiten cuando opera o pilota su aeroplano; un hombre que tras toda una vida de ceguera recupera la vista sólo para darse cuenta de que no sabe ver; una profesora autista capaz tan sólo de tratar y comprender a los animales, y a quien la complejidad de las emociones humanas deja tan perpleja que se siente como «un antropólogo en Marte»: éstos son algunos de estos «relatos paradójicos» que nos presentan un aspecto de la existencia que nos sería imposible conocer sin esa anomalía denominada enfermedad. La tesis que mantiene el autor es que no se trata tanto de «curarse» de la enfermedad –pues algunas de las que aquí aparecen, como el autismo, el síndrome de Tourette, la acromatopsia, no admiten el concepto de curación– sino de aprender a vivir con ella, a pesar de lo grotescos que puedan ser algunos síntomas, de lo diferente que pueda sentirse el paciente respecto a los así denominados normales. En estas siete parábolas sobre la mutabilidad de la condición humana, Sacks demuestra otra vez su excepcional talento como narrador, su vastísima cultura y su capacidad para hacer que estos personajes a primera vista estrambóticos acaben pareciéndonos familiares y normales.
Opinión personal:
No es necesario escribir un drama emotivo para llegar
al corazón del lector. Oliver Sacks en este libro, describe el mundo de
personas que el azar de la genética los ha hecho ser distintos. Contrariamente
a lo que se estila en el mundo editorial (lucrar con personas enfermas como si
fueran animales en una jaula de un zoo) Oliver pasa tiempo con ellos, comparte
sus experiencias diarias, su lucha del día a día, e intenta mostrar al mundo de
lo que son capaces.
Este conjunto de narraciones son una puerta hacia el
interior de personas que raramente nos tomamos el tiempo de conocerlas en
profundidad. Ya sea porque no contamos con los medios, o por simple
indiferencia.
En la primera narración, un pintor a raíz de un
accidente, sufre una acromatopsia (ve en escala de grises) y debe reinventarse
para renacer como un artista reconocido, pero esta vez, su arte es sin colores.
De este modo, cuanto más tiempo transcurría sin visión
del color, más se parecía a alguien que padeciera amnesia del color, o, de
hecho, a alguien que jamás lo hubiera conocido. Pero al mismo tiempo, estaba
ocurriendo una revisión, de modo que mientras su anterior mundo en color e
incluso su memoria se volvían cada vez más débiles y se apagaban en su
interior, un mundo nuevo de visión, de imaginación, de sensibilidad, nacía en
él.
La segunda historia es un caso tan excepcional, que
incluso en este libro me pareció increíble. Un cirujano con síndrome de Tourette.
El mismo cirujano sobre su condición, dice:
Puede verlo como algo caprichoso, divertido, verse
tentado a idealizarlo, pero el síndrome de Tourette procede de lo más profundo
del sistema nervioso y del inconsciente. Golpea nuestros sentimientos más
fuertes y primitivos. Este síndrome es como una epilepsia de la subcorteza;
cuando se apodera de ti, existe sólo un margen mínimo para el control; un
margen sutilísimo entre tú y él, entre tú y esa tormenta desatada, la fuerza
ciega de la subcorteza. Lo que se ven son los aspectos atractivos, los
divertidos, el lado creativo del síndrome, pero también está el lado oscuro.
Tienes que combatirlo toda tu vida.
El tercer relato trata sobre un hombre que ha pasado
cuarenta años sin ver, y que de un día para el otro, recupera la vista. En
teoría puede considerarse un milagro de la ciencia, pero para alguien que ha
vivido bajo las reglas de su mundo no vidente, y que se siente cómodo en él, es
una calamidad.
En aquellas personas que acaban de recuperar la vista,
aprender a ver exige un cambio radical en el funcionamiento neurológico, y con
ello un cambio radical en el funcionamiento psicológico, en el yo, en la
identidad.
Otra de las historias conmovedoras es sin duda la de
Franco, que ha pintado el pueblo de Pontito antes de la guerra en innumerables
cuadros. Los ha pintado con su tremenda memoria visual. En su mente retiene
cada uno de los detalles de su pueblo natal, y los inmortaliza desde todas las
perspectivas posibles. Cambiando y superponiendo perspectivas para dar un mayor
alcance de la vista. Mientras comparte con Oliver varios viajes, y conoce su
entorno, Franco vuelve a su pueblo natal luego de que los nazis lo destrozaran.
A veces desearía no haber vuelto nunca —dijo cuando me
vio mirar los zapatos—. La fantasía, la memoria, eso es lo más hermoso. —Y a
continuación añadió, meditabundo—: El arte es como soñar.
El próximo relato es sobre Stephen, un niño autista
que es capaz de recordar cualquier edificio o paisaje, y dibujarlo
prácticamente igual. Los artistas autistas tienen una forma especial de ver el
mundo, inocente y a la vez muy certera, alejado de los prejuicios sociales que
eso implica. Hoy no nos damos cuenta de que en realidad nuestra opinión es la
suma de muchas otras, condicionando nuestro pensamiento de forma irremediable.
Viajando y viviendo con Stephen —ahora llevábamos
cinco días juntos— comprendí lo frágil que era psicológicamente, las profundas
fluctuaciones de su estado. Había veces en que se mostraba animado e interesado
por su entorno y podía realizar brillantes y divertidas imitaciones y
caricaturas; y había veces en que regresaba al más profundo autismo y
respondía, caso de que lo hiciera, como un autómata, ecolálicamente. Tales
fluctuaciones, que generalmente duraban unas pocas horas, raramente días, son
comunes en niños con autismo clásico, aunque se ignora su causa. Habían sido
mucho peores, me contaron, cuando Stephen era más joven.
Luego tenemos a Temple, una ingeniera agrónoma con
Asperger, se dedica a diseñar mataderos vacunos. Teniendo en cuenta su
profesión, se podría pensar erróneamente de su sentir hacia los animales, pero
es todo lo contrario. Sus diseños han estado enfocados en el bienestar animal.
Nunca ha sido radical al punto de querer cerrar todos los mataderos del mundo,
pero su aporte en el conocimiento de los mataderos vacunos, ha contribuido en
muchos países a tomar conciencia de los cuidados que debe tenerse. Temple es
una persona muy sensible a la conducta animal, y la comunicación con ellos es
mucho más estrecha que la que podemos llegar a tener las personas “normales”.
Además, tiene una fijación por las reglas que Oliver la define de esta forma:
La ley, para ella, no es sólo la ley del país, sino,
en un sentido mucho más profundo, una ley divina o cósmica, cuya violación
puede provocar efectos desastrosos, aparentes alteraciones en el curso de la
propia naturaleza.
Tal vez haya sido una reseña larga, pero les prometo
que este libro vale cada minuto invertido. Oliver Sacks se sube al podio de lo
mejor que he leído en el año, y sin dudas volveré a leer alguna de sus obras,
centradas en la mente y su funcionamiento.
By: Sr R
Calificación:
![]() |
| 5/5 |


Comentarios
Publicar un comentario